“El otro ha de ser devorado o dejado ir. No es a cualquier otro que se devora. La elección depende de evaluar cómo su presencia afecta al cuerpo en su potencia vital: la regla es alejarse de los que la debiliten y acercarse a los que la fortifiquen. Cuando la decisión es por el acercamiento, hay que permitirse ser afectado lo más físicamente posible: tragar al otro como una presencia viva, absorberlo en el cuerpo, de modo que las partículas de su admirada y deseada diferencia sean incorporadas en la alquimia del alma, y así se estimule el refinamiento, la expansión y el devenir de uno mismo.

El Movimiento Antropofágico hace visible la presencia activa de esta fórmula en un modo de producción cultural que ha funcionado desde la fundación del país: la cultura brasileña nació bajo el signo de su devoramiento crítico e irreverente de una alteridad que ha sido desde siempre múltiple y variable. La idea de Antropofagia es una respuesta a la necesidad de afrontar no sólo la presencia impositiva de las culturas colonizadoras, sino también –y sobre todo- el proceso de hibridación cultural como parte de la experiencia vivida por el país, a través de diferentes olas de inmigración que lo poblaron desde el comienzo de su existencia hasta hoy. El criterio de selección para que una cultura sea admitida como plato en el banquete antropofágico no es su sistema de valores per se, ni su lugar en cualquier especie de jerarquía del conocimiento, sino más bien si ese sistema funciona, con qué funciona, en qué medida moviliza o no las potencias particulares, y en qué medida proporciona o no medios para crear mundos. Esto no vale para un sistema en su totalidad, sino sólo para algunos de sus fragmentos que pueden ser articulados, de manera totalmente inescrupulosa, con fragmentos de otros sistemas que han sido devorados previamente. La prueba para establecer si los fragmentos de una cultura funcionan de modo positivo es evaluar si producen alegría — “la alegría es la prueba”, como lo afirma dos veces el Manifiesto de la Poesía Pau Brasil,
la prueba de una palpitante vitalidad.(…)

¿Puede contribuir a problematizar la política de la relación con el otro, así como el destino de las potencias del conocimiento y de la creación, inherentes a esta nueva figura de la subjetividad? ¿Puede, en última instancia, contribuir a “curar” la fascinación enceguecedora de hoy ante la flexibilidad y la libertad de la hibridación recientemente adquiridas?”

Antropofagia zombie Suely Rolnik